miércoles, 28 de marzo de 2007

NUESTROS RECUERDOS



Fuimos creciendo

En septiembre de 1983 comencé a recorrer un camino que, sin yo saberlo, decidiría mi futuro profesional.

Con los primeros años de escolaridad en el C.P. de Lieres llegaron los primeros compañeros, los primeros “mejores amigos”, los primeros deberes y recreos…Fueron cursos tranquilos, con alguna que otra preocupación con la tabla de multiplicar y las reglas de ortografía.

El cambio al colegio de los mayores en tercero de primaria fue todo un acontecimiento. El edificio era muy grande y había muchos maestros que no conocía, y además ¡había que ir en autobús! En la escuela de abajo empezó una etapa de nuevas experiencias.

Descubrí que no iba a ser bailarina en una actuación de fin de curso, en la que de pronto mis pasos no iban ni con la música ni con la coreografía de mis compañeras de escenario.

En las clases de Educación Física me encontré con una cosa muy dolorosa que aparecía tras dar cuatro vueltas al patio del colegio y que se llama “flatu”. Cada vez que sentía ese dolor descartaba la idea de enfocar mi futuro al deporte.

Recuerdo las comidas de Navidad, las excursiones y las fiestas de Carnaval. Tampoco me olvido de la carrera por rellenar la ficha de la biblioteca y leer más libros que nadie en la clase. Claro que, lo único que acababas leyendo era el resumen de la contraportada, a ver si de esta manera conseguías engañar al maestro. Pero él, extrañado de que alguien leyese cuatro libros a la semana te hacia toda clase de preguntas que no sabías contestar y acababas confesando que no habías mirado ni la primera línea.

No olvidaré el día que nos despedimos de un maestro que nos había dado clase durante tres cursos. Le regalamos una placa en recuerdo de sus alumnos y al verla lloró. Yo también me emocioné porque pensé “mira, nosotros también fuimos importantes para él”.

En la escuela me enseñaron las raíces cuadradas, a hablar inglés, a analizar oraciones, a tocar la flauta, a respetar a mis compañeros…Pero la principal educación que recibí fue el ejemplo, dedicación y paciencia de mis maestros del colegio de Lieres. Todos ellos han contribuido a desarrollar mi vocación por la enseñanza e influyeron en que estudiase Magisterio. Así que terminé mis estudios con la ilusión de poder seguir su ejemplo y transmitir a mis alumnos todo lo que aprendí de ellos. Todos siguen dándome clase a diario porque en ellos me inspiro cuando estoy con los niños, con la esperanza de ser tan importante para ellos como Javier, Ángel, Teresa, José Manuel, Lidia, Nacho, Mercedes, Eva y Núñez fueron para mí.

Paula

Paula Ramírez ( ex alumna)

MELANCOLIA

La infancia, a mi parecer, es una de las mejores etapas de nuestras vidas. Discurre por el camino de la inocencia con suma rapidez pero a cambio nos deja dulces recuerdos de por vida.
Es el colegio uno de los escenarios de nuestra niñez, donde experimentamos multitud de sensaciones que han contribuido a nuestro desarrollo como niños y que nos han ayudado a afrontar lo mejor posible la adolescencia.
Para casi todos nosotros ese centro ha sido el colegio público de Lieres, que conmemora este año su 25º aniversario. Éste lugar ha sido testigo de las amistades más intensas que aún hoy perduran o aquellas que se han convertido en un grato recuerdo del pasado, de algún que otro amor juvenil fugaz, de reyertas infantiles en los recreos, y como no de numerosos eventos escolares: carnavales a todo color, finales de curso por todo lo alto, y “Magüestos” entre otros.
Con ayuda de los maestros, los que por entonces fuimos alumnos preparábamos las fiestas con varios días de antelación y estábamos expectantes ante llegada del gran día.
Vienen a mi memoria en estos momentos los lluviosos y fríos días de algunos otoños de hace varios años, en que durante las clases, sobre todo de Bable, mis compañeros y yo llevábamos a cabo parte de los preparativos del “Magüestu”. Recuerdo que en cierta ocasión, con motivo de esta fiesta, todos los escolares participamos en un concurso, en el que según el nivel, unos elaboraban carteles, otros obras literarias o ambos a la vez , todo ello relacionado por supuesto con esta celebración, donde algunos de los cuales resultaron premiados con medallas y trofeos.
También todos colaborábamos con las exposiciones que eran propuestas: de clases de manzanas, de postres asturianos…
Y tras la diversión amenizada por diversas actuaciones, como las de “Xentiquina” en el salón de actos-biblioteca, al menos en mi época los compañeros de cada curso organizábamos un pincheo, el cual era continuado en el patio con “les castañes asaes” que entre todos habíamos ido trayendo poco tiempo antes, y como no la sidra dulce que tanto nos gustaba repetir.
Tras escribir estas líneas se hace inevitable la presencia de la melancolía al rememorar aquellos días de colegio, bien por el ambiente, las actividades, los juegos, los compañeros…
Pero nuestro turno ya pasó, disfrutamos de todo ello mientras duró y las emociones siempre permanecerán en nuestra memoria. Son las generaciones venideras quienes deben vivirlo como nosotros hicimos una vez, ellos serán nuestros sucesores en los pupitres, es así. Ya no volveremos a recibir clase en las aulas del colegio de Lieres, pero es muy probable que nuestros descendientes lo hagan, y de nuevo se sucederán los acontecimientos entre sus paredes.

Elena Arboleya García (ex alumna)

RECUERDOS DE UNA INFANCIA

Casi todo el mundo recuerda sus años de infancia y juventud como unos de los mejores de toda su vida. Y yo no voy a ser la excepción.
Mi etapa en el colegio de Lieres empezó allá por el año 93. Era “la nueva”, y porque no decirlo “la hija del maestro”. Todos mis compañeros se conocían del año anterior pero pronto fui una más del grupol esos años en el Colegio de Arriba fueron especiales e inolvidables: vimos al Ñuberu y al Trasgu, buscamos al Cuélebre con nuestros “collacios” de Sariego, visitamos un llagar en Nava, hicimos pan, buscamos tesoros en las playas de Llanes, recibimos las visitas en pony de Papá Noel con paquetes de “chuches”, aprendimos con Amelia a leer y a escribir, hicimos excursiones a Oviedo, al Museo de la Minería..., sin olvidar los Festivales de Navidad y los Carnavales multitudinarios.
Con los años, fuimos creciendo y llegó el gran día. El que pasamos al Colegio de Abajo. A partir de entonces estudiaríamos allí hasta que fuésemos al Instituto, con “los mayores”. Poco a poco íbamos desenvolviéndonos en la vida, a hacer multiplicaciones y divisiones eternas, a intentar que los estuches de lata no se nos cayesen al suelo porque corríamos el riesgo de que Ángel os los tirase por la ventana, a intentar aprender la clasificación de los seres vivos, a hacer exámenes, resúmenes, conocer más y más cosas del mundo, hacer “controles” en los dos días con Albina porque eran larguísimos... pero también había tiempo para correr, jugar la fútbol, al voleibol, hacer concursos de cualquier cosa, jugar al cascayu, a la comba, intercambiar cromos, mandarnos cartas, participar en cross, hacer comidas, bajar en rápel con Jose, confeccionar trajes de carnaval con un pliego de papel pinocho y un par de cartulinas, y muchísimas cosas más.
Pasamos largas horas en los talleres, con José Manuel, haciendo maquetas, pintando cuadros, haciendo ejercicios día sí, día también, “Qu’est-ce que c’est Juan José?, vimos películas, hicimos muchos trabajos, alguna que otra excursión, preparamos el viaje de estudios, pasamos horas en los ordenadores, estudiamos,...tantos y tantos momentos de los que sería imposible acordarse.
Todavía hoy recuerdo el día en el que Nacho Fonseca me dijo que si quería cantar en “Xentiquina”. ¡Claro que quería, todos deseábamos cantar en “Xentiquina”! Los cancios animaban las actividades que se celebraban en el centro. “Xentiquina” llevaba el nombre del colegio por toda la geografía asturiana, siendo incluso conocido en el territorio nacional, pues hoy en día es raro que un colegio cuente con un coro de música con una trayectoria como esta. Ya son 20 años de música dedicada a neños y neñes, en los que nunca nos cansaremos de tararear “Bocadillu Rock” o “El coche’l maestru”.
Cuando empezamos 1º de la E.S.O., sabíamos que nuestra infancia estaba apunto de acabar y por lo tanto nuestra etapa en el colegio. Nosotros seríamos última quinta que pasase 10 años en el Centro. Pero eso no fue un impedimento para que no siguiésemos disfrutando de la juventud.
De esta etapa se sacan los mejores recuerdos, los más graciosos , los más especiales, las amistades, las parejas, los viajes, las horas jugando a cualquier cosa que ahora nos parecería absurda, pasar horas inventando situaciones utópicas,... Todo ello hace que podamos vivir sobre un mundo de sueños del que todavía queda mucho por escribir.

Ana Álvarez Marco (Ex alumna)

Mis recuerdos

Hace 22 años entré en la antigua Escuela de Solvay de la mano de una profesora que tiraba de mí como podía, me arrastraba por el suelo para poder llevarme a clase y separarme de mi madre. Tenía 5 años y unos pulmones bien fuertes, pues alguna vez aquella profesora, Teresa, me recordó los gritos que di en aquella ocasión. Quién me iba a decir entonces que sería ella una de las personas que más tarde me convencería de lo fantástico que podía ser aprender. Y lo consiguió junto con otros tantos maestros, entre ellos, por supuesto, difícil de olvidar, Ángel, pues desde entonces no pasó un día en que no disfrutara de las clases y del colegio. Y unos 20 años después de aquel día, mi sobrina, Paula, hizo su entrada, esta vez en el Colegio, más o menos como yo; eso sí, tengo que decir en su favor que con sólo 2 añitos. Por lo demás, pocas diferencias, lloros y gritos, y un miedo terrible a los profesores. Hoy, en su tercer año, le gusta tanto el colegio que quiere ir hasta cuando tiene fiebre y habla con admiración no sólo de su profesora, sino de todos los que trabajan hoy allí; lo cual a mí me enorgullece porque significa que sabe aprovechar lo que cada uno le ofrece en su labor y eso, estoy segura, lo valorará y apreciará enormemente en los próximos años.
Pues bien, se cumplen 25 años de la apertura del Colegio Público de Lieres, y como no podía ser de otro modo, creo que tenemos la obligación todos los que hemos pasado por allí de rendir un pequeño homenaje a aquellos que han trabajado y participado en este proyecto de educación durante todos estos años, y a los que siguen en ello. De esta forma, han ido pasando varias generaciones por este Colegio, los apellidos se repiten (el mío lleva ya tres generaciones presente, comenzando con mi tío ya en el año 1981) y, claro, también las caras conocidas. Lo cual debe ser un orgullo para algunos de los profesores que quedan porque supone de algún modo que sus antiguos alumnos siguen confiando en ellos para la educación de sus hijos. Sin embargo, los maestros que aún siguen han tenido que ver cómo el número de alumnos ha ido disminuyendo de forma tan acusada que debe entristecer ver el patio en el recreo casi vacío cuando hace años nos peleábamos por el campo de fútbol o el de boleibol, y teníamos que esperar turno, o formábamos unas filas enormes para entrar a clase, o cuando el desfile de carnaval se hacía casi interminable al pasar todos por la pasarela, mientras Nacho o José Manuel se desgañitaban la garganta haciendo los comentarios de los disfraces.

Arancha Piñera Hortal (Ex alumna)

MI COLEGIO

Mi nombre es Andrea Ornia Noriega y estuve en este colegio hasta el año pasado.
Empecé en 1º en este colegio. En 1º y 2º mi tutora fue Aurora y en 3º pasó a ser Ángel. También tuve otros maestros como Lidia (Educación Física), Eva (Religión), Merche (Inglés), Nacho (Música y asturiano). En 3º fuimos escogidos algunos niños para formar parte del grupo musical Xentiquina. Con este grupo íbamos a hacer actuaciones y las que más nos gustaban eran las que se hacían en horario escolar porque no teníamos clase. Estando en el grupo grabé dos discos.
El curso que más me gustó fue 6º porque yo pienso que fue el más divertido. En este curso cambiamos de profesora de Inglés y vino Merche.
Con ella hicimos actividades como una fiesta de Halloween, con juegos, y otra de Pascua, en la que teníamos que pintar huevos que ella escondía por nuestro pequeño bosque y los teníamos que encontrar. Tuvimos excursiones al Palacio de los Niños, a Levinco, al Picu Fario, al cabo Peñas, al Museo Marítimo, a la Biblioteca de Ventanielles en Oviedo a realizar unas actividades de la película “Charlie y la fábrica de chocolate” que previamente habíamos visto en clase,…
Este año para Carnaval, en clase (PAULA, IRENE, MAVERICK, JAIRO, JÉSSICA, OLMO, SARA, MARIO, JULIO, FERNANDO Y YO) nos disfrazamos de hippies con ropa vieja y estábamos muy originales.

El grupo Xentiquina en este curso estaba formado por:
• En 6º Maverick, Fernando, Irene, Paula y yo.
• En 5º Lara y Ainoa.
• En 3º Andrea y Jonathan.
• En 2º Paula, Fernando, Rocío y Tamara.

Hicimos actuaciones en Cangas de Onís, Ceceda, El Berrón, La Felguera, el Teatro Jovellanos de Gijón, Fnac de Parque Principado,…Las actuaciones que más recuerdo son : una en un colegio de Somiedo, otra en Galicia en la que cantamos estribillos de algunas canciones en gallego y otra en la Pola. En esta última cantamos dos canciones de los Bettles y estuvimos ensayando mucho con nuestra profesora de inglés (Merche) para que nos saliera.

En estos seis años he tenido momentos buenos y malos, pero la mayoría buenos. Espero que los niños que sigan y que empiecen nuevos se lo pasen igual de bien que me lo he pasado yo aquí.


Adrea Ornia Noriega (Ex alumna)